“La voz sonó tan triste que Coralina alargó la mano ahí a donde provenía, y se encontró una mano fría y la premio con fuerza. Los ojos de Coralina empezaban a acostumbrar-se a la oscuridad. Entonces lo pudo ver, o se imagino que lo hacia, tres siluetas, amortizadas i pálidas como la luna que se ve en el cielo a las mañanas.”
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